La hora de la siesta
Después de dar varias vueltas hasta la cocina e insinuarme con todos mis encantos, me he dado por vencido y a pesar de seguir babeando por aquellos huesos, me he resignado y me he tumbado a dormir una mini siesta; eso sí, siempre con un ojo abierto, por si las moscas. A mis orejas llega un ruido no desconocido. Ahora también tengo el ojo izquierdo abierto, ambos se han hermanado, y aunque estoy demasiado cansado para levantarme continuo alerta, de nuevo por si las moscas. Capto el ruido cada vez con mayor claridad, lo que me hace presentir que no proviene de muy lejos, así no hay quien duerma la siesta. Nervioso, me levanto y mi indecisión hace que me ponga a dar vueltas.
Decido aislarme en esta otra habitación, aquí no hay nadie, y aunque la oscuridad no es total, me resulta bastante acogedora. Me tumbo en el sofá y cuando comienzo a cerrar los ojos, (el izquierdo también) las orejas se despliegan y vuelven a mostrar desconfianza. Otra vez me taladra hasta los tímpanos el mismo sonido, y ahora para sorpresa, un nuevo aliado se une al resto de mis sentidos; no es la primera vez que huelo lo mismo, me acerco a la ventana. Por la rendija de una de las puertas puedo ver la calle, que se muestra medio desierta, algo que me parece normal, pues es hora de la siesta.
El ruido, los olores, la sensación de una presencia que se acerca y la mosca que sé que me persigue, hace imposible que pueda tener el culo quieto a estas horas. El chucho que vive abajo para colmo debe saber algo, y tiene el arrojo de ponerse a alborotar a estas horas. Estoy aturdido, mi cabeza quiere reconocer demasiadas cosas a un mismo tiempo, mi lengua empieza a producir saliva en exceso, soy incapaz de tragar, y por más que miro por las impenetrables rendijas de la persiana, no veo nada claro. Tras unos minutos, postrado como un fósil detrás de la ventana, parece que algo finalmente, ha podido penetrar por el mísero agujero. Huele a limpio, a cabello recién cepillado, a leche materna y además ahora claramente se oyen voces y unos pasos que provienen de fuera de la casa. Será mejor que ese animal no me haga que pierda la paciencia.
Un coche se aproxima por la calle, se ha detenido justo debajo de la ventana, se han bajado dos personas y una niña, ahora entiendo por qué ese olor a leche y galletas. Desde donde estoy, apenas veo nada, pero sé que vienen a casa, se acerca una visita y es algo que acaba por sobreexcitarme demasiado. Suena el timbre, no sé si acudir, me apetece mucho, pero también tengo miedo a las posibles reacciones. La puerta se ha abierto y oigo voces en la habitación grande, también risas. Percibo buenas sensaciones y me decido a husmear un poco, a pesar de que aún me siento bastante inseguro. Sin llegar a verlos, puedo averiguar, quien son los visitantes de esta tarde, estoy seguro de no equivocarme. En el salón se encuentra una de mis personas preferidas.
ꟷ ¡Simba no vienes a saludarme!¡Estoy deseando que juguemos juntos!ꟷ Reconocería su voz azucarada, en cualquier parte desde donde pudiera escucharla.
Uno ojos pequeños pero brillantes, me esperan al final del pasillo. Sus bracitos regordetes, tiernos y no demasiado largos se estiran pidiéndome que corra a su encuentro. En mi celebro hay un lugar especial solo para ella y para su risa, que hacen que mi corazón brinque, a la vez que mis patas saltan dirigiéndose hasta ella. Las moscas que me perseguían han desaparecido, seguramente espantadas por mi rabo, que no para de girar de pura felicidad.
ꟷ ¡Lo mejor de venir de visita es volver a verte! ¡Qué suave estás! y ¡Qué brillante tienes siempre el pelo! ¡Eres mi peluche favorito!- A mis siete años daría cualquier cosa por estar siempre con Simba.
La pequeña humana regresa a la habitación, de la cual he salido hace unos minutos. Se ha recostado en el sofá y con un gesto, me hace entender que me tumbe a su lado. Noto el cariño de sus pequeñas manos, me rasca con suavidad detrás de las orejas. Satisfecho, inclino la cabeza para buscar su mirada, está tan relajada como yo. Ambos, cerramos los ojos para comenzar una tardía siesta, siento su calor y ella el mío. A veces abro el ojo izquierdo y la miro. Ella, también me mira de vez en cuando.
©Vanessa B
elizón.

Muy bonito 😍😍😍
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