Fue la primera vez que tuve valor de tomar tu mano. Paseábamos callados, el roce de nuestros dedos se entregaron a una inusual conversación. La suavidad del tacto de tú piel, respondían sin necesidad de palabras.
Fuimos frenados violentamente, por la árida arena y el fuego con que nos topábamos. Te atraje a mí y entre mis brazos, rodamos hasta detrás de aquella roca. Temblabas mientras yo, fijaba mi mirada nublada en tus pies. Tus sandalias se consumían a la vez que mis pulmones. El volcán arrojaba lava sin piedad. Iluminaba la noche más oscura y bella de todas.
©Vanessa Belizón

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