La
edad de la admiración
La miro a través de sus arrugas, de su
piel perfumada de flores y llena de pecas que ocultan, aquellas cicatrices tan
difíciles de maquillar en su memoria. Sus labios, siempre tan presumidos y
pintados de rosa, hablan con dulzura de una vida de pesadumbre pero de la cual,
aún permanece la pasión y la lucha.
Me toma de la mano y me aprieta, a la vez
que tira de aquello dejando al descubierto, lo que le obligaron a enterrar hace
tanto. En sus ojos, han quedado presas aquellas “iguales” que, como ella, lo
dieron todo y tuvieron que mudarse sin alcanzar a ser dueñas de nada.
Cuando ha llegado, la esperaba sentada
tomándome mi segunda cerveza. Despacio, se ha acercado a mí, y me ha dado un
beso en la frente. Ahora me despido de ella, dejándole en compañía de una taza
de café frio, marcada con pintalabios y con un abrazo que espero, se haga eterno.
©Vanessa
Belizón

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