Una historia de dos
Otra vez la noche me tiraniza con sus misterios. Me lleva dónde lo imposible se hace posible.
Vuelvo a retomar la historia oculta en mi cabeza desde hace tanto: Marta cada miércoles y jueves embelesa a los viandantes que recorren el puente de hierro con su guitarra acústica.
Los fines de semana trabaja poniendo copas en un club de alterne. En varias ocasiones algunos clientes del club han dado aviso a las fuerzas del orden, increpando contra ella como si de una mendiga se tratase.
Los Lunes y Martes, asiste durante casi todo el día al conservatorio. Es despreciada por la mayoría de sus compañeros. Nunca fue retrasada en las clases con respecto a los demás, pero a pesar de todos sus esfuerzos sus profesores tampoco se lo ponen fácil.
Mis ojos se niegan a ver en la oscuridad. En silencio lloro lágrimas que lo ciegan todo aún más a mi alrededor. Peco de envidia al verte dormir a mi lado profundamente.
Centro de nuevo la atención al personaje y la historia creadas: Tal vez pueda explicar mejor la esencia del personaje utilizando otros recursos. Podría funcionar un monólogo interior de la protagonista, aunque empiezo a plantearme quién es realmente la intérprete de ese papel en todo esto.
Quisiera encontrar una excusa para interrumpir tus sueño. Necesito hablar contigo de Marta y de mí:
- ¿Te has dado cuenta que podemos tener ambas en común demasiadas cosas?
La Guerrilla, en la que los dos luchamos incansables hace años. Una guerra en la cual a mí, no me dieron opción de elegir de ser partícipe pero en la cual, tú elegiste sin dudarlo acompañarme a modo de fiel escudero. El Hidalgo Don Quijote no encontró en Sancho Panza, nada parecido a tú valor frente a cualquier peligroso gigante.
Esta noche me cuesta conformarme y esperar el amanecer para encontrar el consuelo en tus palabras y tus brazos. Me siento caduca, vencida.
Vuelvo a conectar mis pensamientos hacia Marta. Siento la necesidad de terminar y poner final a la trama lo antes posible.
Me emborrono de vanas ideas que desecho al abismo de lo imposible. No consigo alcanzar la serenidad del sueño; me siento demasiado excitada.
Te dejo en la cama arrullado por tus sueños. Salgo al pequeño balcón de la habitación. La luna ésta posicionada en lo más alto del cielo estrellado esta noche. Sopla una leve pero fría brisa que hace que vuelva a tú lado buscando el calor de tu cuerpo. Me abrazo a ti y me acoges con una tierna sonrisa.
El beso de tus labios en mi frente es el indicio del amanecer del nuevo día.
Con la cabeza sobre mi pecho y mientras te acaricio el pelo, te cuento mi historia, la suya. Se que tengo toda tú atención una vez más. Cuando mi voz emocionada se ha quebrado, te has puesto a canturrear esa cancioncilla que tanta risa me provoca al escucharla.
Te levantas y tomas del cajón de la cómoda el cuaderno. Buscas un bolígrafo en mi cartera y escribes en el antes de entregármelo:
“ El futuro pertenece a aquellos que creen en la belleza de sus sueños”
-Voy a salir a correr un rato, cuando regrese lo leemos juntos – me dices mientras te acabas de atar las zapatillas.
Me asomo al ventanal. Tras las gotas de lluvia que se deslizan como pequeños afluentes, reconozco la silueta de su chubasquero azul atravesando entre la multitud el puente de hierro.
Un poco más adelante y a pesar de la llovizna, se detiene unos minutos a escuchar el espectáculo que cada jueves la chica ofrece a los turistas.
En un rato regresarás, te estaré esperando despierta y con un final escrito ya imaginado...o tal vez no.
© Vanessa Belizón.
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