Rozar la vida ( Relato premiado como ganador de la IV edición del concurso de microrrelatos del Ateneo Literario Puerto Real 2020)
Rozar la vida
Alas negras, fue el primer nombre con el que le llamé al recogerlo de las cenizas ; Por suerte, cuando escuché un leve ruido caer por el conducto de la estufa, aún no me había dado tiempo a encenderla. Mi instinto hizo que sin pensarlo, rebuscara entre los rescoldos apagados y diera con una pequeña criatura.
Lo vigilaba en su refugio. Estaba muy quieto y a gusto entre las gasas de algodón con las que le cubría. De vez en cuando piaba, entreabriendo su pico amarillo. Sus ojos brillaban como pequeñas perlas negras. Pan, agua y cariño, para él no debía existir nada más importante, es lo que reclamaba.
Decidí privarlo de su cobijo y de vez en cuando, con un pequeño bastoncillo, retiraba el hollín que al caerle, lo dejó vestido de luto. Aleteaba al sentir sus plumas mojadas. Tal vez cuando caía pensó, que fue cubierto de negro por la muerte. No dejé que se acomodara demasiado y poco a poco lo sentía más vivo que nunca.
Se sostenía en mi dedo con sus dos patitas. Lo asomaba a la ventaba. Sus alas entonces, ya se tornaban de tonos verdes y rojos. Aunque algunas seguían siendo de color negro. Dos veces intenté que volara de mi mano. Sin embargo, revoloteaba vagamente en el aire y regresaba.
Eligió una mañana helada, para arrancar de nuevo a la vida. Sin despedidas, decidió batirse en vuelo. Y aunque hizo frío, aquel invierno no volví a encender la chimenea.
©Vanessa Belizón
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