No hay respuestas
El aire que expira en su boca cuando suspira, a veces me hace levitar, caer suavemente sobre el escritorio. El silencio de vez en cuando se rompe, por una pregunta que formula sin que haya respuesta.
Intento que parezca que la ignoro, y que la estoy escuchando. Apoya sus manos sudorosas en mi.
El olor de su perfume penetra por mí impoluta porosidad. Se mezclan con alguna que otra lágrima salada. No puedo eludir su presencia.
Grita desesperada sentada frente a mí. Toma el lapicero y lo suelta. Lo hace de forma violenta e igualmente se levanta, y se vuelve a sentar.
He sido apartado junto con sus ambiciones. Nos arrojó a un túnel demasiado oscuro.
Me cuestiono de qué forma late el corazón de un ser coexistente. La huella que deja con sus ofensas es tan difícil de borrar, como las arrugas y los pliegues que ahora tengo.
©Vanessa Belizón
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